Soy mamá y me encantan los campamentos 3


Cuando nuestros hijos ingresan a un grupo scout ni siquiera se nos pasa por la cabeza todas las nuevas aventuras que se nos vienen, y hablo en plural porque como mamás nosotros somos parte de esas aventuras… o al menos es lo que deseamos 🙂

De todas las actividades que ellos tienen la que más requiere mi atención como mamá es cuando se van de campamento. Hay tanto por hacer, tanto por prevenir, tanto que pensar para que no les falte nada, tanto que repetirles para que hagan lo que uno cree que es  mejor, pero lo mejor de todo es ver como ellos tienen la certeza de que todo saldrá bien y, la verdad, es que siempre todo sale bien.

Cuando llega la noticia de que se avecina un campamento… ¡empieza mi aventura! Hay que hacer una lista: la ropa, la comida, las linternas con pilas, el botiquín, el neceser personal, las carpas, los sleepings. Es obvio que después de años de pertenecer a los scouts ya tenemos casi todo el equipo necesario pero hay que revisarlo, ¿verdad? Todo debe estar listo y en óptimas condiciones.

Además, tengo que interiorizarme del tema del campamento: ¿Habrá disfraces?, ¿Habrá concurso de comida?, ¿Tendrán postas de agua? Con esto debo poner a prueba mi paciencia porque son temas que se deciden en equipo, debo esperar la comunicación de lo que les tocó a los míos para poder  trabajar en ello.

Con todo eso te vas pintando un panorama de lo que será su campamento y deseas con toda el alma que ellos lo disfruten sin parar, aun a costa de tu instinto maternal de tenerlos cerca. Son esos sentimientos encontrados lo que hace tan especial que ellos se vayan de campamento. ¡Es que verlos crecer y que se hagan independientes es una cosa muy diferente a tener que aceptarlo!

Y de repente todos a tu alrededor empiezan a decir: ¡Que feliz, todo el fin de semana te quedarás sola!, el primer campamento yo respondía: ¡Pues sí, me pondré al día con las visitas y las salidas con mis amigas! Debo confesar que eso nunca pasó, el primer campamento me encontraba tan angustiada de no saber lo que estaba pasando que no salí de mi casa y en los campamentos posteriores estaba tan cansada de haber preparado a mis scouts para que disfruten de su campamento que de igual manera me la pasaba en casa, así que aprendí a responder: ¡El fin de semana me lo tomo libre y voy a descansar!

De todas formas, los días de campamento se pasan volando. ¡Sin pensarlo ya estas esperando con ansias la hora de llegada!

Lo más lindo de todo es que el campamento para las mamás no termina cuando bajan del bus, cuando los ves cansados, sucios, despeinados, con una hermosa sonrisa de felicidad; ese momento es sumamente especial porque lo único que quieres es escuchar todas y cada una de sus historias, ahí es donde ellos comparten contigo cada uno de esos días y tu empiezas a preguntar si todas las cosas que alistaste cumplieron su objetivo o solo fueron a dar un paseo en la mochila. En nuestro caso, siempre tenemos la comida de “Cierre de campamento”… no hay mejor forma de hacerlos hablar que una buena comida enfrente después de esos días 🙂

Un nuevo campamento termina. Siempre llegan felices, alguna que otra vez se presenta una decepción al no haber logrado un triunfo, pero al escucharlos sientes una inmensa satisfacción al ver como campamento tras campamento van cambiando, creciendo, aprendiendo. Cada campamento es un paso más de independencia y aprendizaje.

Te das cuenta -o al menos intentas pensar- que algo estás haciendo bien al ver que tus hijos pueden vivir sin ti por duro que suene; al final de cuentas nuestra función como madres es prepararlos para el futuro, no andar su camino.


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